Miguel Bravo llegó a Comodoro Rivadavia en agosto de 2023. Con una vida entera vinculada al rugby, su llegada a la Patagonia también significó el comienzo de una nueva etapa: pasar de jugador y entrenador a referear.
El rugby forma parte de la vida de Bravo desde los 10 años, cuando comenzó a jugar en Universitario de Tucumán. Luego continuó su recorrido en La Tablada de Córdoba, donde además de jugar se desempeñó como entrenador de juveniles, preintermedia y plantel superior.
Rompiendo Guindas Radio & Streaming 16 septiembre
Hasta su llegada a Comodoro, seguía jugando en la preintermedia de La Tablada, equipo que había sido campeón el año anterior. Pero el cambio de ciudad y una nueva realidad deportiva lo llevaron a explorar un rol que hasta entonces había vivido desde el otro lado de la cancha.
El camino hacia el referato
Su llegada al referato tuvo una particularidad: nació de su experiencia como entrenador.
Bravo reconoció que muchas veces le costaba comprender algunas decisiones arbitrales y que esa inquietud terminó siendo uno de los motivos que lo impulsaron a hacer el curso.
“Me sumé a referear porque era entrenador y me costaba mucho entender lo que cobraban los árbitros. Renegaba mucho”.
Así comenzó una nueva etapa dentro del rugby. El curso le permitió profundizar en el reglamento, conocer las señas y entender los criterios que utilizan los referees durante un partido.
Pero el aprendizaje no quedó solamente en el referato. También transformó su manera de entrenar.
“Me llevó a ser mejor entrenador porque al conocer el reglamento hay cosas que no discutís, porque sabés lo que estás cobrando”, explicó.
De cuestionar decisiones a entenderlas
El cambio de perspectiva fue uno de los principales aprendizajes para Bravo. Estar dentro de la cancha como referee le permitió comprobar que una misma jugada puede verse de maneras muy diferentes según el lugar desde donde se observa.
Para quien está afuera, una decisión puede parecer evidente. Para quien debe referear, en cambio, hay que interpretar la jugada en tiempo real, observar detalles y tomar una decisión en cuestión de segundos.
“Muchas veces la interpretación de una persona que está del otro lado de la cancha no está mirando lo mismo que está mirando el árbitro”, señaló.
Y sintetizó esa diferencia con una frase: “Es totalmente diferente ser espectador que ser árbitro”.
La llegada a Comodoro significó entonces mucho más que un cambio de ciudad para Miguel Bravo. Fue también la puerta de entrada a un nuevo desafío dentro del deporte que lo acompaña desde chico.
De jugador a entrenador y, ahora, referee. Otra manera de estar dentro de la cancha, entender el juego y seguir formando parte del rugby
Foto: Laura Rearte


