No estábamos preparados para despedirte

Solo nos queda decirte gracias. Gracias por cada momento compartido en tu querido Chenque, donde siempre nos esperabas con una sonrisa y el infaltable café.

Ya no vamos a poder quedarnos analizando los partidos, hablando del referato o recibiendo esos mensajes que empezaban con un “Hola Laurita, hola Verito”. Tampoco llegarán esas fotos del club cubierto de nieve, ni los videos de los jugadores que estaban lejos y que vos compartías con el orgullo inmenso que sentías por Chenque.

Con tu partida se va una parte de la historia del rugby. Fuiste dirigente, referee, presidente de la Unión Austral y fundador de Los Alacranes, pero, por sobre todo, un apasionado que dedicó su vida a este deporte. Tu legado seguirá vivo en cada árbitro que acompañaste, formaste e inspiraste, en cada historia que compartiste y en cada persona que tuvo el privilegio de aprender de vos.

No vamos a olvidarte. Esa Virgencita que dejaste en el club será un abrazo permanente a tu memoria y nos hará recordarte todos los días.

Gracias por tu amistad, por tu generosidad, por tanto cariño y por enseñarnos a amar el rugby por encima de cualquier camiseta.

Te vamos a extrañar de verdad.

Hasta siempre, Yeti. Descansá en paz.